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El 25 de octubre de 1800 muere envenenado en la Isla de Trinidad, víctima de una cruel persecución por espías de la Monarquía, el patriota Manuel Gual.

Había nacido en La Guaira, hacia 1749, hijo de Mateo Gual y Pueyo, quien fuera Jefe de la Provincia de Cumaná.
A los 15 años de edad ingresa como cadete al Batallón Veteranos de Caracas. Logra avanzar en sus estudios, más no consigue los ascensos deseados y por tal motivo, a los 33 años de edad, es apenas Capitán. Empero, era un hombre de suma cultura.
Desde temprana edad busca lograr un movimiento emancipador, y esas ideas las deja conocer al General Francisco de Miranda, que se hallaba en Londres, el cual gestionaba la colaboración de diversos gobiernos del viejo continente en la lucha por la independencia de América, a través de correspondencia.
Sus conexiones con José María España, entre otros patriotas y hombres ilustres, como Juan Bautista Picornell (Español preso por ideas políticas en La Guaira), lo convierten en revolucionario. Y así, en 1797, tomó parte en el famoso plan debelado por el gobierno español y que pasa a la historia con el nombre de Revolución de Gual y España.
Debido a la indiscreción de tres pardos libres, el gobierno descubrió una conspiración en la que estaban comprometidas cerca de cien personas entre ellas dos monjes franciscanos y algunos presos políticos españoles, condenados por la conjura de San Blas, que cumplían condena en La Guaira. La conspiración se proponía «restituir al pueblo americano su Libertad» y prometía, según expresaban unas ordenanzas encontradas a los acusados, la mayor armonía ente blancos, indios, pardos y morenos. Como jefes fueron señalados Manuel Gual y José María España, ambos capitanes retirados.
Los dos principales encargados lograron escapar a Las Antillas, pero la audiencia de Caracas juzgó alrededor de sesenta personas. Varios acusados fueron enviados a prisiones de España o Puerto Rico y siete fueron condenados a muerte. Entre estos últimos se encontraban oficiales del Batallón de Veteranos de Caracas, blancos y pardos. La sentencia de muerte fue aplicada con todo rigor para que sirviera de escarmiento.
La más alta sociedad caraqueña repudió enérgicamente la conspiración; las demás clases sociales, por el contrario, quedaron hondamente preocupados por el resultado negativo con que se había saldado. Los ojos americanos se volvieron nuevamente hacia Miranda.
Como sabemos, la nobleza «postrada humildemente a los R..P. de Su Majestad», protestó contra los conspiradores y ofreció sus personas y bienes para defender el gobierno. Sin embargo, en Venezuela se creía, que había una importante discriminación en el trato dado a los participantes en la conspiración: se castigó con rigor a los criollos, en tanto que se fue benevolente con los peninsulares.
Tras este fracaso, Manuel Gual huyó al extranjero y se radicó en Trinidad donde murió envenenado por espías de la monarquía el 25 de octubre de 1800.

 

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